Pasados ya seis años de nuestra estadía de "seis meses" en Bilbao me da una buena perspectiva de cómo, a mi parecer, en este quinquenio y pico han ido cambiando ciertos aspectos de nuestra vida. Nos encontramos arribando a esta ciudad incrustada al norte de la península ibérica, eran finales del mes de noviembre de 2.000 y lo primero que tuvimos que comprar fue un paraguas para no coger una pulmonía por la constante lluvia "mojapendejos" (Zirimiri por estos lares) que no dejaba de mojar día tras día, semana tras semana; el sol era un elemento extraño a estas alturas del año por lo que las tonalidades grisáseas se encargaban de bañar constantemente el panorama citadino; las temperaturas otoñales habitualmente rondaban los 9ºC durante el día, todo esto nos daba una mera idea de los que nos iría a deparar el invierno próximo a hacer su aparición. Lo anterior representó nuestro primer cambio importante: dejamos nuestro clima tropical venezolano determinado por dos estaciones (seca y lluviosa) que representan, a lo largo del año, muy poca variación en cuanto a temperaturas se refiere para insertarnos en uno marcado por cuatro estaciones ciertamente definidas y "definitorias" de nuestro estilo de vida y costumbres: había que acostumbrarse a vestir de forma diferente durante el año, así como el tener que decidirse por destinos de ocio y esparcimiento acordes a la climatología reinante, ya la frase de "vamonos pá Tucacas a pasar un fin de semana en la playa" daba paso a "bueno... este... mejor nos quedamos en casita porque con este frío lo que provoca es estar empiernao".
martes 20 de marzo de 2007
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